domingo, 4 de enero de 2015

Urbanismo Para mirar en ojotas Los balnearios de la costa Este uruguaya son mucho más que arena y mar. También hay edificios icónicos de la zona que bien valen una visita. Un recorrido de Atlántida a La Paloma

Aunque en Uruguay el concepto de vacaciones de verano suele estar asociado a playa y descanso, los días sin una rutina fija cerca del mar también pueden ser un buen momento para disfrutar de algunas joyas arquitectónicas escondidas entre dunas y rocas. En este recorrido de Domingo van varias sugerencias para admirar en ojotas a lo largo y ancho de la costa Este.

Hotel Planeta

Construido en tiempo récord —seis meses trabajando día y noche—, fue uno de los primeros edificios despojados de ornamentos, precursor de lo que luego se llamaría arquitectura moderna. El italiano Natalio Michelizzi, uno de los mayores propulsores de Atlántida como balneario y de este edificio con forma de barco, llegó hacia 1935 como turista y se deslumbró con la belleza de las barrancas y los pinos del lugar. Hoy reconvertido en un edificio de apartamentos, el Planeta Palace Hotel resultó el primero en reunir todas las comodidades de un hospedaje de lujo: calefacción, baño privado y agua caliente. De todos modos, tras las reformas la construcción mantiene intacto su espíritu náutico. El hall del edificio es casi idéntico al de un antiguo transatlántico, sus pasillos son como los de un barco y sus pequeños departamentos (otrora piezas del hotel) bien podrían pasar por camarotes.

Iglesia de Cristo Obrero

Esta obra construida completamente de ladrillo por Eladio Dieste fue pensada para los habitantes de Estación Atlántida, donde está ubicada, un centro poblado próximo al balneario donde viven trabajadores que brindan allí sus servicios. Ingeniero de profesión y arquitecto de espíritu, Dieste comenzó a proyectarla en 1955 y las obras se extendieron hasta 1960. Su estructura aparentemente ligera es toda una proeza arquitectónica que lleva al ladrillo —presente en pisos, paredes y techo— al máximo esplendor de sus posibilidades expresivas. Vale la pena levantar la vista y observar los techos abovedados, uno de los sellos distintivos de Dieste. "La iglesia fue pensada de modo que todos se sintieran comunitariamente actores de la liturgia; la misma fuerza del espacio único, al que cualifican la estructura, los muros del presbiterio y el uso de la luz, expresa esa unidad comunitaria", dijo el ingeniero sobre su obra.
Hoy declarado de interés departamental, el Hotel La Floresta se inauguró el 3 de enero de 1915, constituyéndose como el edificio más alto de la zona. Fue remodelado varias veces hasta que en la década de 1930, bajo las influencias del expresionismo y la arquitectura náutica, sus nuevos dueños, los primos Velatti y Sburlatti, le dieron la forma de barco que lo distingue hasta hoy. Este edificio tiene "claras referencias náuticas", explica la arquitecta Gabriela Pallares, "propias de los edificios costeros" que hay en varias ciudades del mundo. A lo largo de toda la rambla de La Floresta se avista el icónico edificio, que en su época de mayor esplendor contaba con restaurante de lujo, un concurrido casino y unas terrazas panorámicas sede de importantes eventos sociales. En los años 50 el hotel cerró y —lo mismo que el Planeta— se vendió como propiedad horizontal; hoy, las habitaciones funcionan como apartamentos. También el casino dejó de funcionar hace años y más tarde lo mismo ocurrió con el cine (con entrada por la parte trasera del hotel), que abría solo en verano, un restaurante y una tienda con souvenirs. Sin embargo, y como no podía ser de otra manera, la "bajada del hotel" sigue siendo el punto más concurrido de la playa.

Hotel San Rafael

El estado de deterioro en el que se encuentra no le hace justicia al esplendor que irradió durante toda la segunda mitad del siglo XX. El hotel de estilo Tudor fue símbolo del auge de Punta del Este como principal balneario de Uruguay y uno de los más prestigiosos de Sudamérica. Vivió sus años dorados en las décadas de 1950 y 1960, cuando sus instalaciones y casino atraían tanto a las familias patricias del Río de la Plata como a figuras de la política, la realeza, el deporte y el entretenimiento de todo el mundo. Por allí pasaron desde los reyes de España hasta Pelé y Carlos Menem. En ese entonces, dice la arquitecta Gabriela Pallares, los "revivals de arquitecturas clásicas o estilos puntuales" eran recursos para "dotar de categoría" una construcción. Algo de eso ocurrió con el San Rafael, cuya silueta cobró categoría de ícono sobre la Playa Brava hasta fines de los 90, cuando la inauguración del hotel Conrad y la crisis financiera que arrancó con el nuevo siglo bajaron sus estrellas a solo tres y el edificio cayó en el deterioro que lo encuentra hoy, reflexiona Pallares. Actualmente, el San Rafael no figura en el listado de edificios protegidos en Maldonado por la Comisión de Patrimonio Nacional, mientras sí lo están la estación de Ancap de Rafael Lorente en la avenida Gorlero y el antiguo Cuartel de Dragones, entre otros. "Una verdadera alerta que debería reconsiderarse antes de que llegue alguien con ánimo sustitutivo", opina la especialista. Las últimas novedades sobre su futuro datan de 2011, cuando una asociación entre el grupo empresarial argentino Ingalfa y Hilton compró el Hotel San Rafael por 30 millones de dólares con el fin de reconvertirlo a cinco estrellas.

El Torreón

Levantado durante el boom constructivo de los 80, el edificio es todo un símbolo del ingreso a la Península, en Punta del Este. Detrás de la obra está la firma Estudio Cinco. No solo tiene una privilegiada ubicación en la Parada 1 de la Mansa, sino que uno de sus principales distintivos es la planta giratoria en el piso 24, cuyo destino varió de restaurante a discoteca y salón de eventos. Al menos en Uruguay, no hay otro edificio que tenga un piso giratorio. Los ejemplos existentes, señala la arquitecta Pallares, son mucho más recientes y están ubicados en Asia y Medio Oriente. "En ese sentido, ha sido definitivamente precursor", asegura. El hecho de tener el ascensor por fuera también podría referir en cierta medida a la llamada "arquitectura tardomoderna", esa corriente que se caracteriza por hacer el énfasis en las líneas externas de una construcción, con el Centro Pompidou de París como emblema.

HOTEL PLANETA

Es uno de los principales testimonios de la arquitectura Art Decó, en particular de la vertiente náutica de este estilo, que en Uruguay tuvo gran desarrollo entre 1930 y 1950. Quedó inaugurado en 1937 y hasta 1954 funcionó como el Planeta Palace Hotel, centro de la actividad social de Atlántida.

HOTEL SAN RAFAEL

Además de funcionar como hotel, sus varios salones de eventos dieron cita a algunas de las principales figuras políticas y artísticas del Río de la Plata. En el Salón Gótico, con capacidad para 1.500 personas, se celebró la histórica primera reunión de la Ronda Uruguay del GATT y la OEA.

IGLESIA DE CRISTO OBRERO

Uno de los atractivos de la obra de Eladio Dieste son sus ventanas, todas ellas cubiertas con vidrios de colores. La imagen de Cristo es una escultura dorada en madera realizada por el escultor español Eduardo Yepes. Además, el presbiterio y la nave se encuentran integrados en un mismo espacio.

HOTEL LA FLORESTA

En diciembre de 1914, los primeros visitantes que llegaron hasta el Hotel La Floresta lo hicieron en tren, con un servicio que salía desde Montevideo y hacía una parada en la estación Mosquitos, próxima al naciente balneario. La construcción original era de madera y estaba iluminada a gasógeno.

El faro que iluminó La Paloma

Punto emblemático del balneario, el Faro Cabo Santa María de La Paloma tuvo mucho que ver en el poblamiento de la ciudad. Comenzó a construirse en 1870, cuando en la zona había poco más que una extensa playa de arenas finas y unos cuantos pescadores. Con una altura de 30 metros y un alcance luminoso de 20,5 millas náuticas, fue declarado Monumento Histórico Nacional. Es posible subir hasta la cima por una escalera en forma de caracol que tiene poco más de 140 escalones y cuya recompensa es una inmejorable vista del balneario.
Aunque ahora es considerado una escala turística innegable, durante años fue famoso por la tragedia que conllevó su construcción. En la noche del 17 de mayo de 1872, debido a una fuerte tormenta, la torre primitiva se derrumbó cuando ya llevaba 30 metros de construida. Al derrumbarse provocó la muerte de 15 operarios (ocho italianos y siete franceses) de la empresa constructora, que se habían refugiado en la obra. Los funcionarios fueron enterrados en un pequeño cementerio que existe en el predio del Faro. Y la torre fue reconstruida según el proyecto original, quedando habilitada el 1º de septiembre de 1874. Al finalizar la concesión de la empresa privada que lo construyó, en 1896 pasó a manos del Estado.


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